Por
medio de un respetado y queridísimo amigo, el doctor y profesor
Eduardo Gutiérrez Valverde -5° Dan de Judo-, y ya que alguna
vez me impactó ir a su dojo y ver su increíble trabajo y
filosofía -si no me equivoco, única-, me interesó
entrevistar al presidente: el sensei Jorge E. Ito, 6° DAN de Kodokan.
Artes Marciales On Lines. ¿Cómo fue que se inició
en el Judo?
Jorge E. Ito. En Japón, entrando a la escuela secundaria, era
una materia; se elegía Judo o Kendo. Entonces no podías
decir que no ibas a tomar esa clase porque no te gustaba, tenía
uno que escoger. Yo quería ir al Kendo, que es mas vistoso, y mi
padre me dijo: "no, mira, tú vas a ir al extranjero, en el
Kendo mínimo necesitas llevar un palo, en el Judo no necesitas
nada". Y así empezó este encuentro con el Judo y, aquí
entre nos, como era una materia, había que sacar buenos puntos.
Había gente que por eso la reprobaban; porque no daba una. Entonces
me dediqué yo con muchas ganas y siempre saqué los primeros
lugares.
Yo tenía un cuerpo muy fuerte y sano pues entonces teníamos,
aparte del Judo, ejercicios militares que eran otra materia, así
como la de gimnasia. Eran tres asignaturas en las que yo les ganaba a
todos y me sacaba los mejores puntos. Con eso subió mi promedio
y durante la secundaria fui a la cabeza de todos: éramos 150 y
siempre sacaba el primer lugar porque por estas tres materias yo subía
bastante la puntuación.
Tuvimos unos maestros muy buenos; ellos me querían mucho, me enseñaban
muy bien. Desde el principio me enseñaron que no es nada más
agarrar al otro y tirarlo, tienes que aprender el Judo desde el principio.
Para eso me decían: "llega antes que todos y te pones a limpiar
el dojo, entonces aquí está el trapito para que limpies
el dojo, y cuando ya esté limpio, vas a empezar el Judo".
Se empieza por las caídas. Seis meses nos tuvieron a pura caída:
caída para atrás, caída para adelante, caída
para los lados. Pero, ¿para qué tanta caída?, "mira,
si sabes caer, no te lastimas y vas a tener confianza ya parado porque
sabes que no te vas a lastimar. Te van a tirar, sí, pero no te
lastimas y te vuelves a parar. Entonces tienes que aprender a caer, es
lo primero, y después ya vamos a ir avanzando poco a poco".
Así que en cada clase nos enseñaban un lanzamiento diferente
y lo que sí me llamó la atención es que cuando venían
las vacaciones de verano, nos dijo el maestro antes de empezar las vacaciones:
"durante diez días van a venir ustedes en la mañana.
Son vacaciones para los otros, para ustedes no, vienen diez días
en la mañana temprano. Vamos a tener una hora de ejercicios aquí
en el Judo". Entonces seguíamos la enseñanza y llegó
el invierno. Allá el invierno es crudo, está nevando, pero
el maestro nos decía que no importaba, que diez días seguidos
teníamos que ir, nosotros le reclamábamos porque estaba
oscuro, pero eso no les importaba. Teníamos que tomar el tren como
todas las mañanas e ir a la clase de Judo.
Además, como empezaba la guerra, nos decían: "tenemos
que tener no sólo un cuerpo sano y fuerte, sino que debemos demostrar
agradecimiento al país, luchar por el país. Así,
en la mañana antes del Judo, ya cambiados con judogy, descalzos
sobre la nieve, vamos al templo por los soldados que nos están
protegiendo y por los que nos han protegido hasta ahora". Entonces
nos sacaban corriendo y teníamos que ir hasta el templo y, ni modo,
descalzos. Estábamos que no sentíamos los pies, pero al
rato ya con el ejercicio se calentaba uno; era chistoso ya que era tan
diferente la temperatura del cuerpo y el ambiente que empezaba a salir
humito de la cabeza de todos. Era una diversión para nosotros ver
que estábamos echando humo, pero no de coraje -jajaja-, sino por
el clima.
A todos nos tocó esa época, para
algunos difícil, pero yo creo que no era tan difícil, sino
que tuvimos la misma experiencia. Ahí no había ricos ni pobres,
el gobierno decía que en un mes no había comida suficiente
para todos, pero que ahí teníamos ese costal de papas que
tenían que durar un mes para cada familia. Al mes siguiente aparte
de tu arroz era época de camotes, y lo mismo, a ver cómo le
hacíamos para que los camotes duraran. Otro mes nos tocaban calabazas,
pero las dejaban crecer grandes y no eran calabacitas, eran calabazotas,
y dos calabazas también para un mes. Pues todo eso era parte de la
enseñanza para mí. Sí sufrías, pero sufríamos
todos parejo, así que no se sentía tanto. Pero si hubiera
sido yo sólo, quién sabe.
Azúcar no había; cinco años no tuvimos azúcar,
sal sí. Japón está rodeado de mar y sal sí
había, pero tenía uno que aguantarse y comer lo que hubiera.
Así que a comer camote que es muy dulce y sí sabe rico.
Y el betabel, como se vendía dulce, de ahí se sacaba el
azúcar. Pero en Japón toda el azúcar se iba al ejercito,
la población no tenía. Y pues dentro de esa situación
general, teníamos que darle más duro al Judo; de ahí
fue que se aprendió con un poquito más de ganas, pues por
la guerra había que darle con más esfuerzo.
Algunos profesores regresaban al Judo de la guerra y yo les preguntaba:
"¿ustedes qué hicieron?" -pues hay el ahorcamiento
con los brazos limpios-, y me respondían: "cuando nos mandaban
en la noche, primero de avanzada, era lo que hacíamos: caerle al
otro por atrás y ahorcarlo, y caía el otro y ni chistaba,
y podíamos seguir adelante". Eso a todos nos llamaba mucho
la atención.
Teníamos a un maestro al que yo le decía "el Dios
de los pies" porque manejaba los pies tan fácilmente. Él
nos enseñó muy bien que hay que aprovechar el tiempo y la
fuerza del otro, no es nada más fuerza bruta, porque si cuando
el otro se empieza a mover lo barres, se va solito y por eso es que a
nosotros nos gusta mucho usar las piernas en el dojo y en el Kodokan,
que es el centro o la meca del Judo.
Después de la escuela íbamos a practicar. Y ahí
nada de que te voy a enseñar suavecito; llegaban y le decían
a uno: "a ver, siéntate". Y llegaba uno y te decía:
"quiero jugar contigo, por favor", se tenía uno que parar,
acababa y te ibas a sentar y venía otro: "quiero jugar contigo,
por favor" y a pararse otra vez. Y nada de que "ya me voy a
descansar", pero también nosotros podíamos hacer lo
mismo. Entonces había un cinta negra, nosotros todavía éramos
cintas blancas, pero nos traía así, como trapeadores. Así
que una vez nos pusimos de acuerdo -éramos como 15 muchachos cinta
blanca-, dijimos: "mira, vamos a ir con el negra uno después
del otro, y vamos a decir 'quiero jugar contigo', y no lo dejamos descansar",
y como ya no podía más, pero no podía decir que no,
pues ese día sí se las vio negras -jiji-. Una de tantas
cosas que hubo en el Kodokan. Pero después se volvió muy
amigo y le reclamábamos: "es muy tonto que nos estés
tira y tira porque no nos enseñas el Judo, se supone que es entre
dos para aprender", finalmente nos dijo: "sí, tienen
razón", y ya cambió, pero tuvimos que hacer eso.
Artes
Marciales On Line. ¿Dónde está el Kodokan?
JEI. El Kodokan está en el centro de Tokio, es a donde van todos
los maestros. Era diferente a lo demás ya que el maestro no podía
recibir dinero por sus clases y no podía dar exhibiciones y ganar
dinero.
No es para exhibición, el Judo es para la enseñanza, y la
enseñanza del profesor Jigoro Kano fue la que hizo el Judo moderno.
Él dijo: "usa toda tu fuerza, toda tu energía para
el bien" ése es uno y el otro: "vamos a progresar juntos,
no hay que ser egoístas, hay que ayudarse uno al otro". El
profesor Gigoro Kano siempre soñaba que este Judo se propagara
por todo el mundo y llegara a ser incluido en la Olimpiada. Y así
fue incluido en los juegos olímpicos antes que cualquier otro arte
marcial. Ha seguido de esta forma todos los años, nada más
que se está desvirtuando bastante porque ahora, como se trata de
ganar a como dé lugar, ya no hay esa caballerosidad de antes, ya
no hay ese espíritu de luchar limpio. Ahora ya se está volviendo
otra cosa. ¡Lástima!, a mí me da mucha pena.
Artes Marciales On Line. ¿Cómo se inicia su historia
en México?
JEI. Yo llegué a México en 1947 y empecé con las
escuelas japonesas. En una de las escuelas estaban dando clases de Judo
y dije: "¡ah caramba!, me interesa" y pedí permiso
de entrar. Después dijo el maestro que yo era el mejor y que por
qué no seguía dando las clases, y yo le respondí:
"maestro, ¿cómo voy a quitarle su lugar?", "es
que me gusta, usted tiene más tiempo que yo, puede dar mas clases".
Y ahí empecé yo.
Tengo amigos de la infancia porque yo nací aquí, y los invitaba
a practicar conmigo. Pasó el tiempo y llegó el comercio
exterior con Japón, con un señor Nagabushi, quien mucho
tiempo antes de la guerra representaba a la gran casa Mitzui, y empecé
a trabajar con él: me prestó un cuarto arriba de su despacho.
No había tatami, lo que se fue a pedir fue forraje, paja, lo pusimos
en el suelo y lo cubrimos con una lona, y empezamos a dar clases con Lalo
en 1950. Me acuerdo que fue el día 6 de los Reyes. Me habían
venido a ver el año anterior, en diciembre, y querían clases
-como seis que estaban en el KUM- y les dije que empezábamos en
enero el día 6, era martes, y les comenté: "normalmente
doy clases martes y jueves, pero el primer martes va a ser día
6, día de Reyes, ¿descansamos?", "no, no",
me dijeron, y por eso empezamos. Ahí fue el inicio de las clases,
en general eran puras amistades de la escuela japonesa.
Tenía un alumno marine que se sorprendió: yo con sólo
65 kilos y el un monstruo no me podía ganar, yo lo agarraba y no
se salía. Y había unos franceses que decían: "tantos
músculos y tan pocos sesos", y se reían del marine,
quien la verdad era buena persona.
Artes Marciales On Line. ¿Podemos decir que fue de los
iniciadores?
JEI. En el Judo no había nada. Había un señor Hernández
que estaba en la calle de Bolívar en un segundo piso, en un edificio
viejo. Decía "se enseña Judo Kodokan", estaba
escrito bien. Entonces yo subí diciéndome: "a ver qué
señor es éste" y me dice: "¿qué?,
¿viene a tomar clases?", yo le respondí: "sí,
vi que da clases", "sí, yo doy clases de Kodokuan",
al oír eso me dije: "éste no sabe Judo", "no,
perdóneme, yo vengo de Japón", "ah, no, entonces
a usted no le doy clases". Ése fue el primero, sin embargo
después había otros, ya no me acuerdo de sus nombres, pero
supieron de mí, llegaron conmigo a ese famoso segundo piso y me
dijeron "yo doy clases pero no sé", "bueno, son
honestos, pues venga y ¿qué es lo que estaba enseñando?",
y ahí empezaron ellos también a aprender. Estaba muy cerquita
de H Steel y de los de H Steel luego venían, y cuando teníamos
la ventana abierta yo tenía ahí mi público.
Además yo averigüé y mucho antes había estado
aquí un señor al que le decían "el conde".
Era muy bueno en Judo, salió de Japón, pero su meta era
ir a Brasil. Allá se instaló y allá murió.
Y había otro, Zatake, que también estuvo en la YMCA dando
clases, pero también fue temporal. Se fueron y después de
la guerra sí fui yo el primero que llegó.
Artes Marciales On Line. ¿Tiene algún profesor que
lo apoye con las clases?
JEI. El que me ayuda ahora trabaja en la embajada, es el cónsul,
pero es 5° grado de Judo y viene de la Policía de Nagoya. Todos
le dicen que es policía y dice que no, que es detective, porque
dentro de la policía hay diferentes grados: "no soy de ésos
de las calles". Es muy entusiasta y quiere propagar el Judo. Comparte
conmigo la enseñanza aquí y en otra escuela, el liceo japonés.
Me pide permiso y se trae a todos al dojo para empezar sus clases los
domingos a las 11:30 da clase a 32 niños japonesitos.
Artes Marciales On Line. ¿Cuántos años tiene
de profesor?
JEI. Llevo más de 65 años como practicante de Judo, 54
años de profesor y 79 de edad.
Artes Marciales On Line. ¿Qué nos puede platicar
de la filosofía del Judo?
JEI. Sobre todo aquí, que es un Judo familiar, siempre he pensado
que la familia debe estar junta. De tal forma que la enseñanza
en otros dojos es diferente a la nuestra. En los otros dojos se dividen
los horarios: "ésta es la hora de los niños, ésta
es la hora de los grandes, ésta es la hora de los jóvenes".
Para nosotros no, es la hora de todos juntos, así que está
el papá, la mamá, los hijos, los nietos.
Esto, del Judo familiar, ha llamado mucho la atención no sólo
en México, sino en todo el mundo ya que nos han visitado y han
quedado maravillados. Sentimos tan bonito de ver al abuelo trabajar con
el nieto porque en ningún otro lugar lo vemos. Ya tenemos tres
generaciones y vamos a tener cuatro de uno que ya es bisabuelo y va a
llevar a su bisnieto. Es un conjunto de toda la familia y además
es uno de los dojos más grandes de México.
Pero para lograr esto nos tardamos 20 años; primero no teníamos
dónde -como ya había contado-, con Lalo era un cuarto con
paja, y después fueron lugares que nos prestaron por lo que estuvimos
dando vueltas por todos lados. Hasta que tomamos la decisión de
juntar dinero entre todos y nos endrogamos con el banco. Compramos muy
barato el terreno -ya que ahora es carísimo-, en ese tiempo lo
compramos en preventa y no había más que rocas. Nos tardamos
siete años para pagarlo con unos intereses risibles, pero para
edificar ya no teníamos dinero y nos acercamos a los bancos. El
Nacional de México me hizo favor de prestarme una gran parte de
IKA, y Bernardo Quintana, quien todavía en ese tiempo vivía,
me dijo que me iba a ayudar y me regaló 80 toneladas de cemento,
y me vendió la varilla a la mitad. Además tres empresas
japonesas me ofrecieron 10 000 dólares cada una. Así fuimos
juntando y empezamos a edificar durante tres años. BANAMEX me hizo
el fuerte hasta que me dijeron que no había pagado más que
intereses y que tenía que pagar. Así que fui al Banco Internacional
y me prestó porque ahí pensaban que estaba haciendo una
obra muy bonita y le pague al otro banco.
Siempre andábamos en la chilla y ahora por lo menos tenemos 10
000 pesos en el banco. Aquí nadie cobra por su trabajo, todos aportamos
al dojo, todo es trabajo para la comunidad, todos pagan una cuota de mantenimiento
y mejora del dojo, pero nadie recibe un centavo. Me dicen que soy tonto,
pero yo les respondo que no, que es una satisfacción propia, que
me gusta y que mi alegría es que se pueda propagar el Judo. Todos
me han escuchado decir esto y, si tengo un alumno como Lalo (Dr y Prof.
Eduado Gutierrez Valverde) que ha estado conmigo 50 años, donde
encuentra un alumno que haya estado 50 años con su maestro.
Tenemos a los alumnos más jóvenes de diez y 15 años,
los mayores que ya no pueden competir están en las katas y se presentan
en competencias en las que casi siempre ganamos porque somos de los pocos
dojos en los que se practican. Parece mentira porque todos se dedican
a competir y competir. Hay ciertas escuelas que se dedican a pura competencia
y eso está mal.
El Kododan tiene varias clases: la clase general, que tienen 50 tatami
en un dojo gigante, es para todo el mundo; hay clase para extranjeros;
hay clase para mujeres; para niños, en dojos más chiquitos.
Nosotros tenemos 126 tatami (cada tatami mide aproximadamente dos metros).
Artes
Marciales On Line. Entonces para usted el hecho de la competencia
es relativo ya que no todos van a ser competidores.
JEI. Sí tenemos tres muchachos que ya compiten internacionalmente.
En kata fuimos los primeros en salir representando a México. La
primera vez no ganamos nada, pero la segunda ya ganamos tercer lugar en
todo, hasta en panamericanos. Eso ya es algo, pero pensamos seguir trabajando
y se están puliendo con muchas ganas.
Con la UNAM siempre nos hemos llevado muy bien. Han venido a clases y
me han invitado a que mande a nuestra gente, aun cuando en otros lados
no nos recibían porque somos bichos raros. Pero en la UNAM no hay
problema, la representamos y nuestra gente va a los torneos nacionales,
ah, y también los de Chapingo me invitaban a dar clases, aunque
estaba muy lejos y cuando llegaba había sólo dos o tres
personas, porque los mandaban fuera y así estuve diez años.
Me pagaban 8 pesos al mes y sólo me alcanzaba para la gasolina.
También tenemos a los mejores alumnos del Poli. Apoyamos al Poli
y a la UNAM ya que no cobran.
Artes Marciales On Line. ¿Cuántos practicantes de
su dojo han ido a Japón?
JEI. Hemos mandado a tres del Poli, la UNAM y Chapingo. Yo les conseguí
la beca allá en Japón, no les costó nada. Nosotros
los ayudamos para que se cubriera su viaje y, lo poco que había
en el dojo, se lo mandábamos para que tuvieran algo para sus gastos.
Porque parte de la enseñanza es no ser egoísta, ayudarle
al que no sabe y de esta forma es como se aprende. Eso les repito a los
alumnos todos los domingos. Yo aprendo algo de todas las clases, incluso
de los niños, que hacen cosas que me dejan pensando en cómo
no se me había ocurrido eso. Ésa es la cuestión:
hay que saber aprender.
Artes Marciales On Line. ¿En Japón quiénes
son los mas fuertes en competencia?
JEI. Las universidades mas fuertes son Tenri, al este de Tokio; Meiji,
la universidad donde yo me gradué que está al oeste de la
Universidad de Tenri. Son las dos universidades más grandes y las
más fuertes en Judo. Entre ellas siempre pelean el campeonato de
Tenri. Y en ese lugar, en donde la práctica del Judo es también
una religión, nos llevamos muy bien todos pues tienen una filosofía
muy buena del Judo y ahí fue donde me recibieron a los primeros
muchachos becados.
Cuando nos invitaron tuvimos que llegar con unos regalos por protocolo
y para corresponder nos llevaron a una comida que ¡qué bárbaros!,
después fuimos a su dojo y en su universidad estaba el campeón
de Japón y varias muchachas de parte nuestra también. Con
ellas se dejaba tirar y decían contentísimas: "tiramos
al campeón".
Artes Marciales On Line. Profesor, ¿usted cómo ve
el nivel del Judo en México?
JEI. Está subiendo, pero lástima que nada más se
dedican a la competencia. Y otra mala cosa es que antiguamente no había
puntos malos en el Judo, sólo puntos buenos; tenía uno que
ganar tirando al otro o cuando el contrincante se diera por vencido, pero
ahora si uno se sale del tatami, le quitan tantos puntos, y si hace quién
sabe qué, le quitan puntos. Así que hay muchachos que en
lugar de saber Judo se saben las reglas y hacen que pierda el otro por
puntos: fingiendo que los empujaron y se salieron del tatami para que
penalicen al que empujó. Pero, bueno, ya es otra cosa, a mí
no me gusta eso de los puntos malos porque creo que antes se jugaba más
limpio, antes tratabas de ganarle, ahora los lastiman para ganarles.
Artes Marciales On Line. A nivel mundial, ¿quiénes
son los más fuertes en Judo?
JEI. Sigue siendo Japón, por lo menos se llevan la mitad de las
medallas. Corea está fuerte, China, Rusia, Alemania, Francia, España,
antes Inglaterra era fuerte pero a decaído. México a nivel
panamericano saca medallas, pero en internacional está difícil;
aquí tenemos en panamericanos a Brasil, Cuba y Estados Unidos y
después vienen Canadá, Argentina y México.
Recuerdo a los primeros extranjeros que llegaron allá a competir
y se llevaron el campeonato. Uno de ellos era un ex leñador holandés,
que, seguramente, todo el día andaba cortando árboles. Era
un monstruo y le ganó al japonés yéndosele encima:
el otro sintió que le cayó una locomotora arriba y no se
pudo salir.
Artes Marciales On Line. Hay muchísimas técnicas
que complementan el Judo. A mí me llaman mucho la atención
los ahorcamientos (estrangulaciones) y dislocaciones ya que son en extremo
eficientes.
JEI. Hasta cierta edad o grado no se les puede enseñar ahorcamientos
o dislocaciones a los alumnos. Al final hay golpes que a casi nadie se
le enseñan, ya que son mortales. En lo que refiere al ahorcamiento
es delicado: se le está parando el aire y la sangre a alguien,
y también hay que aprender cómo revivirlo Eso, de igual
forma, se enseña pero sólo a ciertos grados.
Antes se dislocaba la muñeca, el tobillo y el hombro, se hacía
estrangulación con la pierna, pero todo esto podía lastimar
seriamente y causando daños irreversibles.
Agradezco al doctor Eduardo Gutiérrez por su apoyo y amistad para
la realización de este artículo. También mi más
sincero agradecimiento al profesor E. Ito.